El futuro de la educación

Y así si uno se hace esta pregunta: ¿Dónde miraría para ver el futuro de la educación? La respuesta que tradicionalmente recibimos es muy directa, al menos en los últimos 20 años. Vaya a Finlandia. Finlandia es el mejor lugar del mundo para ver sistemas educativos. Los finlandeses podrán ser un poquito aburridos, depresivos y tener altas tasas de suicidio, pero caramba que están cualificados. Y, absolutamente, tienen increíbles sistemas educativos. Y marchamos en contingentes a Finlandia y nos maravillamos del milagro socialdemócrata finlandés y de su homogeneidad cultural y de todo eso, y entonces nos cuesta imaginar cómo podríamos aprender lecciones de eso.
Bueno, durante el año pasado, con la ayuda de Cisco que me auspicia, por alguna loca razón para hacer esto, he estado mirando en otra parte. Porque en realidad la innovación radical a veces viene de los mejores, pero a menudo viene de lugares con grandes necesidades insatisfechas, con demanda latente, sin suficientes recursos para que funcionen las soluciones tradicionales, las soluciones tradicionales de alto costo que dependen de profesionales que están donde están las escuelas y los hospitales. Así que terminé en lugares como el Morro dos Macacos. Esta es una de las cientos de favelas de Río. La mayor parte del crecimiento de las poblaciones de los próximos 50 años estará en las ciudades. Tendremos 6 ciudades con crecimientos de 12 millones de personas anuales en los próximos 30 años. Casi todo ese crecimiento se dará en el mundo desarrollado. Casi todo ese crecimiento se dará en lugares como el Morro dos Macacos. Es allí donde encontraremos el crecimiento más rápido de poblaciones jóvenes en el mundo. Así que si uno quiere recetas para trabajar en casi cualquier cosa: salud, seguridad, políticas de gobierno y educación, uno tiene que ir a estos lugares.
Y si uno va a estos lugares conoce gente como esta. Este es un tipo llamado Juanderson. A los 14 años como muchos jóvenes de 14 años del sistema educativo brasileño él abandonó la escuela. Era aburrida. Y Juanderson, en cambio, fue hacia lo que le brindaba oportunidad y esperanza en el lugar que le tocó vivir, que era el tráfico de drogas. Y para los 16 años, en un ascenso rápido, administraba el tráfico de drogas en 10 favelas. Movía 200.000 dólares por semana. Empleaba a 200 personas. Para los 25 años iba a estar muerto. Por suerte conoció a este tipo que es Rodrigo Baggio, el dueño de la primera laptop que apareció en Brasil. En 1994 Rodrigo comenzó algo llamado CDI que tomaba computadoras donadas por las empresas las ponía en centros comunitarios de las favelas y creaba lugares como este. Lo que cambió a Juanderson fue la tecnología para el aprendizaje que hacía del aprendizaje algo divertido y accesible. Y así la idea de un plan de estudios es totalmente irrelevante en un escenario como este.
Uno tiene que empezar la educación con cosas que marcan una diferencia para ellos en su escenario. ¿Qué significa eso? Bueno, la clave es la motivación, y hay dos aspectos de la misma. Uno es entregar motivación extrínseca. La educación tiene una recompensa. Nuestros sistemas educativos funcionan bajo el principio que hay una recompensa pero uno tiene que esperar mucho tiempo. Eso es demasiado largo si uno es pobre. Esperar 10 años para la recompensa educativa es demasiado si uno necesita cubrir las necesidades diarias cuando uno tiene hermanos que cuidar o un negocio al que ayudar. Uno necesita que la educación sea relevante y ayude a la gente a ganarse la vida en el aquí y el ahora, a menudo.
Y también necesitamos que sea intrínsecamente interesante. Aquí, no hay realmente una opción. El aprendizaje ha de ser productivo para que tenga sentido. Hay dos tipos básicos de innovación. Está la innovación sostenible que servirá de apoyo a una institución existente o a una organización, y la innovación disruptiva que romperá con él, creará una manera distinta de hacerlo. Estos son establecimientos formales; escuelas, colegios, hospitales, lugares en los que puede darse la innovación, e informales: comunidades familias, redes sociales. Casi todo nuestro esfuerzo va en esta casilla, apoyar la innovación en el ámbito formal, conseguir una mejor versión del sistema escolar básicamente «bismarckiano» que se desarrolló en el siglo XIX. Y como dije, el problema con esto es que, en el mundo en desarrollo sencillamente no hay profesores que hagan funcionar este modelo. Se necesita millones y millones de profesores en China, India, Nigeria y en el resto del mundo en desarrollo para cubrir las necesidades. Y en nuestro sistema, sabemos que hacer más de lo mismo no va a zanjar las profundas desigualdades educativas, especialmente en las ciudades del interior y las zonas donde hubo industrias.
Es por eso que necesitamos tres clases más de innovación. Necesitamos más reinvención. Y en todo el mundo cada vez más escuelas se están reinventando a sí mismas. Son escuelas reconocibles, pero su apariencia es diferente. Hay escuelas Big Picture (Panorama General) en EE.UU. y Australia. Hay escuelas Kunscap Skolan (Escuela de Conocimiento) en Suecia. De 14 de ellas sólo 2 están en escuelas. La mayoría están en otros edificios no diseñados como escuelas. Hay una escuela increíble en el norte de Queensland llamada Jaringan. Y todas tienen el mismo tipo de características: alto grado de colaboración, muy personalizadas, a menudo con tecnología omnipresente.
Aprendizaje que parte de preguntas problemas y proyectos no de conocimiento y planes de estudio. De modo que necesitamos más de eso. Pero debido a que muchos de los problemas educativos precisamente no están en la escuela ellos están en la familia y la comunidad, lo que también es necesario, en definitiva, está más del lado derecho. Se necesitan esfuerzos para complementar a las escuelas. Necesitamos más de esto una forma de pensar completamente nueva y radical. Uno puede ir a lugares a una hora de aquí, o menos, aquí cerca, que necesitan eso, que necesitan cambios radicales del tipo que ni imaginamos. Y, por último, se necesita innovación transformativa que pueda imaginar la inclusión de personas al aprendizaje de maneras completamente nuevas y diferentes. Así que estamos a punto, en 2015, de un logro asombroso, la escolarización del mundo.

 

Fabián Asef – MEMETICS Gestión Gerencial

¿Quien se ha llevado mi queso?

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Erase una vez, hace mucho tiempo, en un país muy lejano, vivían cuatro pequeños personajes que recorrían un laberinto buscando el queso que los alimentara y los hiciera sentirse felices.
Dos de ellos eran ratones y se llamaban “Fisgón y Escurridizo”, y los otros dos eran liliputienses, seres tan pequeños como los ratones, pero cuyo aspecto y forma de actuar se parecía mucho a las gentes de hoy en día. Se llaman “Hem y Haw”.

Debido a su pequeño tamaño, sería fácil no darse cuenta de lo que estaban haciendo los cuatro. Pero si se miraba con la suficiente atención, se descubrirían las cosas más extraordinarias.
Por muy diferentes que eran los ratones y los liliputienses, tenían algo en común: cada mañana, se colocaban sus atuendos y sus zapatillas y comenzaban a correr por el laberinto en busca de su queso favorito.
A pesar de todo, Fisgón, Escurridizo, Hem y Haw terminaron por encontrar el camino hacia lo que estaban buscando. Cada uno encontró un día su propia clase de queso al final de uno de los pasadizos, en el depósito de Queso Q.

Pero al cabo de un tiempo, los liliputienses establecieron una rutina diferente.
Hem y Haw se levantaban cada día con algo más de lentitud y, en lugar de correr, caminaban hacia el depósito de Queso Q. Después de todo, ahora ya sabían dónde estaba el queso y cómo llegar hasta él.
Para sentirse todavía más cómodos, Hem y Haw decoraron las paredes con frases y hasta dibujaronimágenes del queso a su alrededor, lo que los hacía sonreír. Una de aquellas frases decía:

Tener queso te hace Feliz.

 

Poco a poco, la seguridad que Hem y Haw tenían en sí mismos se fue convirtiendo en la arrogancia propia del éxito.
Por su parte, Fisgón y Escurridizo continuaron con su rutina a medida que pasaba el tiempo.
Cada mañana llegaban temprano, husmeaban, marcaban la zona e iban de un lado a otro del depósito de queso Q, comprobando si se había producido algún cambio con respecto a la situación del día anterior.
Una mañana llegaron al depósito de Queso Q y descubrieron que no había queso.
No se sorprendieron. Desde que Fisgón y Escurridizo empezaron a notar que la provisión de queso disminuía cada día que pasaba, se habían preparado para lo inevitable y supieron instintivamente qué tenían que hacer. Los ratones no se entretuvieron en analizar demasiado las cosas. Para ellos, tanto el problema como la respuesta eran bien simples. La situación en el depósito de Queso Q había cambiado. Así pues, Fisgón y Escurridizo decidieron cambiar.

Algo más tarde, ese mismo día, Hem y Haw llegaron al depósito de Queso Q.
No estaban preparados para lo que descubrieron.
¡Qué! ¿No hay Queso? —gritó Hem, y siguió gritando—
¿Quién se ha llevado mi Queso?
Se quedó allí de pie durante largo rato, como petrificado por la conmoción. No estaba preparado para esto.
Hem y Haw regresaron aquella noche a sus casas hambrientos y desanimados. Pero antes de marcharse, Haw escribió en la pared:

Cuanto más importante es el queso para ti, tanto más deseas conservarlo.

Haw abrió los ojos, miró a su alrededor y dijo:
–Y, a propósito, ¿dónde están Fisgón y Escurridizo? ¿Crees que ellos saben algo que nosotros no sepamos?
Mientras Hem y Haw seguían tratando de decidir qué hacer, fisgón y escurridizo ya hacía tiempo que se habían puesto patas a la obra.
No pensaban en ninguna otra cosa que no fuese encontrar Queso Nuevo.
Hasta que finalmente encontraron lo que estaban buscando: una gran reserva de Queso Nuevo, el depósito de Queso N.

Mientras tanto, Hem y Haw seguían en el depósito de Queso Q, evaluando su situación y regresaban cada día al depósito de Queso Q, donde se limitaban a esperar.
–¿Sabes?—dijo un día Hem–, si nos esforzásemos un poco más quizá descubriríamos que las cosas no han cambiado tanto. Probablemente, el Queso está cerca. Es posible que lo escondieran detrás de la pared. Así que a partir de entonces, empezaron a trabajar más pronto y más duro y se quedaron hasta más tarde. Pero, al cabo de un tiempo, lo único que habían conseguido era hacer un gran agujero en la pared.

Cuando Hem vio a su amigo calzándose las zapatillas, le preguntó: –No pensarás en serio en volver a entrar en ese laberinto, ¿verdad? ¿Por qué no te limitas a esperar aquí conmigo hasta que nos devuelvan el queso?
–A veces, las cosas cambian y ya nunca más vuelven a ser como antes –dijo Haw–.
Haw se echó a reír con fuerza y exclamó: –¡Es hora de explorar el laberinto!
Hem no se rió ni dijo nada.
Antes de partir, Haw tomó una piedra pequeña y afilada y escribió un pensamiento muy serio en la pared, para darle a Hem algo en qué pensar:

Si no cambias, te puedes extinguir.

 

Haw se sintió más ansioso y se preguntó si realmente deseaba internarse en el laberinto. Escribió una frase en la pared, por delante de él, y se quedó mirándola fijamente durante un tiempo:

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

Algo más tarde, después de no haber encontrado Queso alguno durante lo que le parecía mucho tiempo, Haw se encontró finalmente con un enorme depósito de Queso que le pareció prometedor. Al entrar en él, sin embargo, se sintió muy decepcionado al descubrir que se hallaba completamente vacío.
Y sintió deseos de abandonar la búsqueda.
Consciente de que se trataba más de un recordatorio para sí mismo, antes de que un mensaje para Hem, escribió esperanzado lo siguiente en la pared:

El movimiento hacia una nueva dirección te ayuda a encontrar Queso Nuevo.

Haw se dio cuenta que había permanecido prisionero de su propio temor. El hecho de moverse en una nueva dirección lo había liberado. Estaba seguro de que terminaría por encontrarlo.
Escribió entonces:
Imaginarme disfrutando de Queso Nuevo antes incluso de encontrarlo me conduce hacia él.

Se preguntó por qué siempre le había parecido que un cambio le conduciría a algo peor. Ahora se daba cuenta de que el cambio podía conducirlo a algo mejor.
Alguien más había estado allí, dejando sólo unos pocos trozos de Queso Nuevo. Llegó a la conclusión de que, si hubiera llegado antes, muy probablemente habría encontrado una nueva provisión de Queso Nuevo. Mientras volvía sobre sus pasos, se detuvo y escribió en la pared:

Cuanto más rápidamente te olvides del Queso Viejo, antes encontrarás el Queso Nuevo.

Tal como le sucediera antes, comprendió que aquello de lo que se tiene miedo nunca es tan malo como lo que uno se imagina. El temor que se acumula en la mente es mucho peor que la situación que existe en realidad. Al comprender repentinamente que había cambiado sus convicciones, se detuvo para escribir en la pared:

Las viejas convicciones no te conducen al Queso Nuevo.

Al comprender que puedes encontrar Queso Nuevo y disfrutarlo, cambias el curso que sigues.
Observar pronto los pequeños cambios te ayuda a adaptarte a los grandes cambios por venir.
Continuó por el laberinto con mayor fortaleza y velocidad. Haw siguió por un pasadizo que le resultaba nuevo, dobló una esquina y allí encontró el Queso Nuevo en el depósito de Queso N. Llevantó un trozo de queso fresco e hizo un brindis.

–¡Viva el cambio!–
Mientras disfrutaba del queso nuevo, reflexionó sobre lo que había aprendido. Comprendió que en aquellos momentos en los que tenía que cambiar, no había hecho sino aferrarse a la ilusión de que el Queso Viejo ya no estaba allí.
En cuanto Cambió la situación y el Queso cambió de sitio, ellos también cambiaron y se trasladaron con el Queso. Eso era algo que nunca olvidaría.
No hay necesidad alguna de súper complicar las cosas o de confundirse uno mismo con temerosas creencias.
Hay que permanecer atento para detectar cuándo empiezan los pequeños cambios y estar así mejor preparado para el gran cambio que puede llegar a producirse.

Y, quizá lo más importante, se dio cuenta de que siempre hay Queso nuevo ahí a fuera, tanto si uno sabe reconocerlo a tiempo como sino. Y que uno ve recompensado con él cuanto se dejan atrás los temores y se disfruta con la aventura.
Haw sabía que había dejado atrás un rastro para Hem, y que si éste quería, encontraría el camino limitándose a leer las frases escritas en la pared.

Luego, al repasar lo escrito, sonrió:

El cambio ocurre
El queso no cesa de moverse
Anticipante al cambio
Prepárate para cuando se mueva el Queso
Controla el cambio
Olfatea el Queso con frecuencia para saber cuándo se vuelve rancio
Adáptate al cambio con rapidez
Cuanto más rápidamente te olvides del Queso Viejo, antes podrás disfrutar del Queso Nuevo.
Muévete con el queso.
¡Disfruta del cambio!
Saborea la aventura y disfruta del sabor del Queso Nuevo.
El Queso no cesa de moverse.

 

Fabián Asef – MEMETICS Gestión Gerencial

La Tierra es Plana

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Así empieza un libro que leí hace unos años y que retomé este Domingo. Espero lo disfruten y tengan un muy buen 2012!!!

Anotación del diario de Cristóbal Colón sobre su viaje de 1492.

Sus Majestades, como Cristianos Católicos que sois y como príncipes que amáis y favorecéis la santa fe cristiana, y que enemigos sois de la doctrina de Mahoma, y de toda idolatría y de toda herejía, habéis determinado enviarme a mí, Cristóbal Colón, a los susodichos países de la India, para ver a los dichos príncipes, gentes y territorios y para conocer su disposición y el método idóneo para convertirlos a nuestra santa fe; y además habéis establecido que no proceda hacia Oriente por tierra, como es la costumbre, sino por una ruta occidental, en cuya dirección no sabemos a ciencia cierta, hasta el presente, que haya ido nadie jamás.
Mi presencia en Bangalore, el Silicon Valley de la India, formaba parte de mi particular viaje de explorador estilo Colón. Cristóbal Colón zarpó con la Niña, la Pinta y la Santa María con la intención de descubrir una ruta más corta y directa hacia la India rumbo oeste, cruzando el Atlántico, iniciando lo que él suponía sería una travesía por mar abierto hacia las Indias Orientales.Partí hacia la India en un vuelo rumbo al este, vía Frankfurt.
Sabía exactamente en qué dirección iba gracias al mapa GPS de la pantalla que se podía sacar del brazo de mi asiento. También yo encontré allí a personas denominadas indios. Y también yo iba en busca de la fuente de las riquezas de la India. Colón fue a buscar hardware: metales preciosos, seda y especias, o sea, la fuente de riqueza de su época. Yo fui a buscar software: lumbreras, algoritmos complejos, trabajadores de tecnologías de la información, centros de atención telefónica, protocolos de transmisión, avances en ingeniería óptica, o sea, las fuentes de riqueza de nuestra época.
Colón estuvo encantado de convertir a los indios que se encontró allí en esclavos, en una reserva de mano de obra gratis. Lo que yo quería entender era por qué los indios que yo me encontraba estaban apoderándose de nuestro trabajo, por qué se habían convertido en una reserva tan importante para la subcontratación de servicios y tecnologías de la información por parte de EE.UU. y de otros países industrializados.
Cuando zarpé, por así decir, también yo daba por hecho que la Tierra era redonda, pero lo que me encontré en la auténtica India hizo tambalearse profundamente mi fe en esa idea. Colón se topó con América de manera accidental, pero creyó que había descubierto una parte de la India. Yo llegué a la verdadera India y creí que muchas de las personas que me encontré allí eran norteamericanas. De hecho, algunas habían adoptado nombres americanos, y otras, en los centros de atención telefónica, hablaban imitando de maravilla los acentos norteamericanos o, en los laboratorios de software, aplicaban perfectamente las técnicas empresariales norteamericanas.
Colón informó a su rey y a su reina de la redondez de la Tierra y pasó a la historia como el primer descubridor de dicho fenómeno. Yo volví a casa y sólo le conté mi descubrimiento a mi esposa, en voz baja.
Cariño -le dije en tono de confidencia- me parece que la Tierra es plana.
THOMAS FRIEDMAN
LA TIERRA ES PLANA
BREVE HISTORIA DEL MUNDO GLOBALIZADO DEL SIGLO XXI

 

Fabián Asef – fasef@memetics.com.ar